Cartas al silencio


 

De un tiempo a esta parte encuentro un gran placer experimentando  la sensación de libertad que me produce estar en mi propia compañía.

Poder permanecer a solas contemplando el mar, acomodarme en un rincón de casa para leer, salir a dar un largo paseo percatándome de los diversos sonidos que rodean el paisaje: los pájaros, las ramas de los árboles mecidas por el viento, el bullicio de los niños en el parque.

¿Tal vez sea esto la madurez?

Disfrutar de una  extraña clase de intimidad que me hace valorar el silencio, el escucharme  a mi misma, ejercitar, de algún modo, la contemplación sin más sentido que el del disfrute de estar en consonancia con mi propio ritmo interior.

En cierto modo, es una forma de respetarme, y por qué no decirlo, de cuidarme de cierta locura colectiva , sobre todo, porque  el  postureo  se ha adueñado de la mayoría de las  relaciones interpersonales. 

Pocas cosas quedan ya auténticas. 

La obsolescencia programada se ha instalado en las relaciones entre las personas.

Mientras más años cumplo, más me percato de la importancia de estas reflexiones: sobre cómo nos comprometemos con ese descubrimiento interior sin el contaminante ruido de afuera, sin sucumbir a lo políticamente correcto; sobre cómo construir y proyectar felicidad y bienestar  desde dentro de nosotros mismos…ya lo decía  el principito de Exupery, “Los hombres del planeta cultivan cinco mil rosas en un mismo jardín… sin embargo no encuentran lo que buscan.”

En cualquier tesitura, las respuestas  están siempre dentro de nosotros mismos, las conocemos, de algún modo remoto, las conocemos con certeza… pero la inercia, los deberías, el qué dirán … frenan nuestra capacidad de maniobra, hace que nos conformemos , que no arriesguemos. Sin embargo, hemos de ser conscientes de que  toda  no elección, implica también decisión.

En mi trayectoria vital, he tenido dos momentos realmente duros, de difícil elección. Siempre aposté por arriesgar, y siempre gané… no hice caso a recomendaciones bienintencionadas de amigos y allegados, ni de quienes más me querían: mis padres.

Contra todo pronóstico, al final ganaron  las sabias decisiones de  mi yo interior.

No me fallaron.

Y es  jamás me hubiera perdonado no haber hecho caso a esa voz que salía desde el lugar más profundo de mi corazón, indicándome que éso, y sólo éso,  era exactamente lo que tenía que hacer. 

MS

 

 

temisas_milky_way

 

 

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