Endechas de mar


 

Aclaración de la autora: las Endechas son composiciones poéticas de los siglos XV y XVI en las que un autor anónimo expresa un sentimiento de pesar. Las más célebres son las Endechas a la muerte de Guillén Peraza (1447), que constituyen por el momento las muestras literarias más antiguas de las Islas Canarias.

A finales del siglo XVI el ingeniero italiano Leonardo Torriani escribió una obra titulada Descripción de las Islas Canarias. En ella se refirió a ciertos cantos lamentosos o endechas que al parecer pervivían en las islas como herencia de la cultura aborigen.

También, en tiempos bíblicos se componían y entonaban lamentaciones o endechas en recuerdo de amigos difuntos (2Sa 1:17-27), naciones devastadas (Am 5:1, 2) y ciudades que habían sido reducidas a ruinas. (Eze 27:2, 32-36.) El libro de Lamentaciones es un ejemplo inspirado de este tipo de composición melancólica. Consta de cinco poemas líricos (en cinco capítulos) en los que se lamenta la destrucción de Jerusalén a manos de Babilonia en 607 a. E.C.
Al titular esta composición en prosa poética, Endechas de mar, me he permitido una licencia poco ortodoxa, siendo evidente que no tiene la estructura de las endechas canarias, en su término estricto.

 

I

HE CAMINADO descalza en esta orilla tuya que palpita bajo los pies de barro, dejando entrar el mar entre la espalda y la pared de tus ausencias; he caminado tu nombre entre mareas de arena, y ahora no podría imaginarte fuera del horizonte de mis sombras; entre líneas te convoco, azul de galeones desatados, tul de pecios y navíos, cuna de Erbania y Tyterogata, alfombra de Esero y Benahoare; desde Achineche, Canaria y Gomera, pétreas, contra el basalto de tu espuma, rebozando dulces de arrorró para hacer dormitar a los volcanes.

A VECES sólo el mar me acompaña.

El OLOR a mar lo impregna todo.

ME TRANSPIRA con su nombre en las horas insomnes donde sueño unos cuantos versos de salitre.

ALGUNA VEZ, Neptuno, volveré a por tí para atarte del tridente…

II

EL MAR de mi adolescencia fue a ratos tormentoso. Me dejó hace ya unos cientos de años pero conservo de él, el acné disparatado y su vehemencia. Bajo ese mar fluye aún una espuma arrolladora que dispara sueños…

HE CONTEMPLADO atardeceres de otros mares, mares bravíos, en calma, ensombrecidos, alegres, misteriosos; pero ninguno, como el mar de mi memoria… allá donde el Atlántico se pierde.

III

EN GUAYEDRA no hay más que una ladera de montañas y riscos escarpados que corren hasta la ribera del mar osco.

MAR DE GUAYEDRA, de las entrañas de la Tierra, al cielo, camino de Tatirma por piedros y arrifes…

AZUL GUAYEDRA cabellera de montañas. Mi espíritu pasea por la primera piedra regia cuando eras un recuerdo de amor en las entrañas de mi madre. Inhóspito e indómito; asiento, otrora, de un Guanarteme destronado.

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