A mi padre


Hay silencios que no se miden,

silencios sutiles, amargos silencios…

 

Me parece verte con los años

leyendo absorto detrás de la mesilla

con ese amar tuyo que me enseña

a ver lo esencial y lo sublime

en la esencia de lo más pequeño.

 

Si supieras cuanto añoro sentarme

en tus rodillas, sentir esos abrazos

inconclusos que me dabas entonces,

cuando niña,

presagiando más tarde, lo que en sueños

y la vida en su crudeza me interpuso.

 

Y es que no sabes, papá,  cuanto te extraño,

ahora que llego a la mitad de mi trayecto,

y veo,

que se quedaron en el aire , una parte de tus sueños

y proyectos…

 

Hay silencios que no se miden,

silencios sutiles, amargos silencios…