DISTIMIA


El país de las lágrimas se extendía en tu regazo

y era un inmenso valle en la azotea horadando en tus ojos desagües infinitos.

 

                                     Tú  estabas, con la lluvia, cercenándome la risa.

 

Tenías un amanecer naciendo entre los dedos y un mar con medias noches, 

 pero ebria de sal te ensombreciste toda abrazando a Neptuno en la tormenta.

 

Ahora yaces con las tardes hilvanadas sujetando pensamientos inconclusos,

fuego de lenguas que al aullar susurran en la lejana piel que compartimos.

                   

No atino a comprender este destierro.

¡ Aún tenemos que hablar de tantas cosas! 

 

 

Caracola de mar a cuestas con las piedras del camino,

  

                                                           una extensa medida, la distancia y plena yo, contigo,

ausente me trasporto a otros espacios que hacia ti me llevan.