El palo y la mordaza


El palo y la mordaza,

la ciénaga en la que nadamos…

nada hay que pueda detener esta marcha sublime;

Y aún han de salir de las grietas más occisos, para dejar de ser simples

recuentos de los días.

El palo y la mordaza, he de verlos batirse en retirada,

que han de despertar los inconscientes

que tras las ventanas se agolpan.

Oigo  sus gritos volverse llameantes,

alzar el vuelo,

abandonar para siempre sus guaridas.

Que enmudezcan  bocas echando esgarros,

es el oficio de estos malnacidos.

Las puertas y párpados que hablen, ocurra lo que ocurra.

Y ensanguinados los sentidos de  andar encorvados y esgandidos

se levanten al fin, a pedir su pan y su aire fresco.

Contra el palo y la mordaza, esta marcha silenciosa,

que si te encoges de hombros y de hombres,

no eres digno de que entres en mi casa.