Por una cuestión de protocolo


Uno saluda algunas mañanas

en una mera suposición de protocolos;

con intenciones más o menos claras

sin dejar de levantar la ceja.

 

Mientras  saltan los salmones

y desovan los hombres

papeletas

en las urnas donde serán sodomizados.

 

Río arriba caminan los cangrejos

y los atrapasueños duermen en suspense

como un péndulo de murciélagos,

incomprensión ancestral

de hábitos nocturnos.

 

Percibo las migrañas del mundo

a través del núcleo invisible

desde el mismo centro de la Tierra

donde un zahorí me apunta con su horquilla.