Un día habrá una isla que te extrañe


Me sumergí en el mar de las dudas

para pescar esperanzas de peces,

y quedé encerrada en la tormenta

de un paisaje de corales oscilantes.

Eres toda mar.

Y yo, soy toda isla.

Pero nunca fuiste trámite en esta cita

a ciegas con la vida.

Tu espíritu cabe dentro de una caracola

y no tiene la  culpa de que sea  mitad pez,

que no sirena, mitad agua de lluvia, mitad caldera,

mitad pinzón azul, mitad pardela.

Eres toda mar,

y yo, soy toda isla.

Frecuentemente me alejo, y de la mano el silencio

me acompaña, me enseña a caminar,

y me susurra  el arrorró ausente de los arrecifes.

Fue un error haber querido transformarme en continente

de tu contenido.

Eres toda mar,

y yo, soy toda isla.

Lo bueno de ser isla es que no tienes que andar

inventando explicaciones; lo bueno de ser mar es que

siempre habrá una isla que te extrañe.

 

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