In memoriam Rito Antonio Pérez Jiménez


Ayer nos dejó Rito Antonio Pérez Jiménez.

Un gran director de centros, mejor anfitrión y amigo de sus amigos.

Como sabedor de su corta estancia entre nosotros, vivió rápido, intensa y pasionalmente. Más de una vez le escuché decir “si me tocara irme mañana, he de decir que me iría feliz, sin nada por hacer que me quede con pena de no haber hecho; he amado, he viajado,  disfrutado de mis hijos, de mi profesión … qué más puedo pedir”.

Nos deja un hombre joven, vitalista y generoso…y uno se queda perpleja ante lo inesperada, cruel e injusta que puede llegar a ser la vida.

Conocí a Rito en el año 2005. Me llamó a casa una tarde de finales de agosto. Aún no nos conocíamos.

Me llamó para decirme que si quería coger un grupo mixto de primero y segundo de Primaria, que no me correspondía, pero que era el perfil idóneo para atender a  esos chicos.  Que sabía que era un reto difícil pero que me apoyaría en todo lo que estuviese en su mano; así  fue. No me faltaron recursos para realizar todo lo que me propuse con ellos.

Fue una etapa muy feliz, muy enriquecedora profesionalmente.  Durante ese tiempo y con la magistral batuta de Rito, conformamos un equipo humano formidable para sacar adelante a los “chicos del Benito”. Electa, Auxi,Chari, Mari Pino, Carmen, Antonia,Ulises,Cristo, Sergio,  María, Antonio (el guardián), las chicas del comedor (Lidu y Ana), las de mantenimiento, Zuleica, Mari Pino, Isabel … seguramente  alguien se me quede en el tintero…

Los martes, Rito nos preparaba el almuerzo a la carta. Se encargaba personalmente de confeccionar un menú a gusto de todos. En la cocina del “cole” nos turnábamos para picar, trocear, freir, empanar… lo que hiciera falta; “el chef” nos dirigía también entre  fogones, su gran pasión. Como una  familia  nos sentaba a la mesa en las horas de exclusiva. Nunca antes, ni después, esas horas fueron tan agradables. Rito lograba lo que nadie.  Entre risas, trabajo y visitas de padres pasábamos la tarde deseosos de que llegara el siguiente martes para ver con qué nos sorprendía el jefe: tal vez un sorbete de mango, de mandarina, un gazpacho, una crema de melón…sí, así era Rito.

En diciembre supe de su cruel y amarga enfermedad. Ya no recibiría a nadie. No tuve la oportunidad de verle, y fue mejor así.

Me pregunto cómo es posible que la vida trate de esta manera a un ser humano que ha proyectado tanta vitalidad en su quehacer diario, tanta pasión…la noticia me deja perpleja, apenada, triste y sin respuestas.

Me quedo con esa fuerza que trasmitía, con su afán por llevar adelante sus proyectos, con la generosidad con la que trataba a la gente con la que compartía; me quedo con eso, y así quiero recordarte, Rito Antonio Pérez Jiménez.

Ante tu  partida inesperada,  rememoro la elegía de Miguel Hernández  para tal vez, reconfortarme imaginando las aladas almas de tus rosas…

Yo quiero ser llorando el hortelano 
de la tierra que ocupas y estercolas, 
compañero del alma, tan temprano. 
. 
Alimentando lluvias, caracoles 
Y órganos mi dolor sin instrumento, 
a las desalentadas amapolas 
. 
daré tu corazón por alimento. 
Tanto dolor se agrupa en mi costado, 
que por doler me duele hasta el aliento. 
. 
Un manotazo duro, un golpe helado, 
un hachazo invisible y homicida, 
un empujón brutal te ha derribado. 
. 
No hay extensión más grande que mi herida, 
lloro mi desventura y sus conjuntos 
y siento más tu muerte que mi vida. 
. 
Ando sobre rastrojos de difuntos, 
y sin calor de nadie y sin consuelo 
voy de mi corazón a mis asuntos. 
. 
.Temprano levantó la muerte el vuelo, 
temprano madrugó la madrugada, 
temprano estás rodando por el suelo. 
. 
No perdono a la muerte enamorada, 
no perdono a la vida desatenta, 
no perdono a la tierra ni a la nada. 
. 
En mis manos levanto una tormenta 
de piedras, rayos y hachas estridentes 
sedienta de catástrofe y hambrienta 
. 
Quiero escarbar la tierra con los dientes, 
quiero apartar la tierra parte 
a parte a dentelladas secas y calientes. 
. 
Quiero minar la tierra hasta encontrarte 
y besarte la noble calavera 
y desamordazarte y regresarte 
. 
Volverás a mi huerto y a mi higuera: 
por los altos andamios de mis flores 
pajareará tu alma colmenera 
. 
de angelicales ceras y labores. 
Volverás al arrullo de las rejas 
de los enamorados labradores. 
. 
Alegrarás la sombra de mis cejas, 
y tu sangre se irá a cada lado 
disputando tu novia y las abejas. 
. 
Tu corazón, ya terciopelo ajado, 
llama a un campo de almendras espumosas 
mi avariciosa voz de enamorado. 
. 
A las aladas almas de las rosas… 
de almendro de nata te requiero,: 
que tenemos que hablar de muchas cosas, 
compañero del alma, compañero. 
. 

Descanse en paz.

Mery Suárez