Tú, mi desventura


Doy las gracias a la Revista Destiempo que publica este relato en su revista número 41.

Editorial Destiempos

 

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México, Distrito Federal – ISSN: 2007-7483 -Reserva de Derechos al Uso Exclusivo: 04-20013-101814413100-1021Publicación bimestral gratuita de la Editorial Grupo DestiemposN°41 Año 8 Octubre-Noviembre 2014

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La reproducción del material publicado en la revista se permite siempre y cuando se cite la fuente (destiempos.com) y se anote el enlace correspondiente:

http://www.revistadestiempos.com (n°41  y año de la publicación 2014 Narrativa y Poesía Relato de Emérita Suárez Santana titulado “Tú, mi desventura)

El incumplimiento de esta norma por parte del autor o de otras publicaciones implica el retiro del trabajo del archivo electrónico de la revista y su no incorporación en el documento anual impreso que reunirá lo publicado, y que se enviará a bibliotecas nacionales de varios países.

 

 

destiempos Índice del número actual http://www.revistadestiempos.com/índice/http://www.revistadestiempos.com/%C3%ADndice/narrativa-y-poes%C3%ADa/ Tú, mi desventura (Emérita Suárez) Número 41 revista de Noviembre 2014.

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Cuando transito las calles que una vez paseamos me consuela saber que una vez fueron tan nuestras…y te reinvento en los rincones de Saint Germain-des-Prés, en aquella alocada carrera, a fin de no perder el tren que nos llevara de regreso a nuestra vieja buhardilla del Barrio Latino;  te reinvento en el café compartido tras el guiño cómplice, y en tus brazos, y en tu olor, y en tu pecho contra mi espalda en las noches fugaces de infinito deseo compartido.

Rememoro el eco de tus  palabras horadando mis sienes, amargas palabras, cada golpe de sílaba como un martillazo…las escucho con esa frialdad que parecía salirte del fondo del alma: “son mis hijas, no puedo hacerlas desaparecer de mi vida, ellas y mi mujer son todo lo que tengo; dime, ¿qué demonios quieres que haga con mi mujer y mis hijas?”.

Y, te vuelvo a reinventar haciendo el amor, riendo desnudos, enjabonándonos en la ducha, ensortijando mi pelo…

Algunas veces, si no llovía, recorríamos los bistrots más antiguos, y paseando por la orilla del Sena  me citabas a Borges: “Sólo tú eres. Tú, mi desventura…”, por un instante, me acercabas lentamente los labios prohibidos, te dejabas hacer, sin respirar apenas, entornando los ojos; me parece que adivinaste enseguida la adoración  que por ti sentía.

Recuerdo la mañana en la que mientras preparabas el desayuno y  te mordías el labio inferior bajando la cabeza, rumiabas pensamientos inconclusos; por un instante me buscaste la boca,  en tanto, yo trataba inútilmente de domar la irrefrenable erección bajo mi bóxer. Te acercaste de nuevo; entonces intuí que la traición se parece mucho a una puerta giratoria.

 

 

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